El oficialismo avanza con reformas que hasta hacía meses parecían bloqueadas, pero el termómetro real está en la inflación, el consumo y el humor social, donde todavía no hay victoria.

Este viernes, si no media ningún inconveniente, el Gobierno aprobará en el Senado algo impensado: una reforma laboral. Y también aprobará algo que hubiera sido impensado hace un tiempo: la reforma del Código Penal Juvenil —14 años serás imputable—.
Recuerden que esto es nuevo. Durante años y años, el Congreso tenía un cepo temático. ¿Qué quiere decir un cepo temático? Que no se podían discutir muchísimos temas, aunque la realidad los ponía ahí. Para esta tribu maravillosa llamada kirchnerismo, la evidencia no modifica la creencia. A pesar de que gran parte de su base electoral le decía “estamos padeciendo la inseguridad”, no había políticas ni leyes nuevas para la inseguridad. Para la reforma laboral, cuando les preguntás qué propusieron hasta acá, lo que dicen es que propusieron la disminución de la carga horaria o la ampliación de derechos. Pero eso es lo que pide el mercado ahora, lo que pide la situación laboral. No han propuesto ninguna reforma durante tantos años.
Ahora pueden salir estas reformas. Pero no tiene que haber nada raro durante esta semana. El pájaro nacional de Argentina es el cisne negro. Que no aparezca uno. Y que ojalá algún día en la Argentina aparezca un cisne blanco. El cisne blanco que tanto deseamos y esperamos es ese pájaro que viene cuando sale algo muy bien, espectacular, sin que nadie lo planee, sin que nadie lo planifique. A nadie se le ocurrió, pero por error algo sale bien en la Argentina. Un éxito. Un plan económico que funciona, un gobierno que funciona. Lo estamos esperando
Mientras tanto —nada menor—, el Gobierno va a sancionar estas leyes. Quiero decir personalmente que estas leyes, solas, solitas, por milagro, no van a obrar. Si creés que va a bajar la inseguridad y van a tomar más empleados de 3, 2, 1, eso no va a ocurrir. Son condiciones necesarias, pero no suficientes. Rompen el statu quo, pero se necesita, por supuesto en el caso de la reforma laboral, que se mejore el nivel de actividad.
Si la puerta de entrada —la contratación— es más barata y la puerta de salida también es más barata, y se reducen los temores y las barreras a contratar, podría crecer el empleo formal en Argentina. Recuerden: está estancado en privados formales desde hace más de 10 años. Seis millones sobre 22. Hay tres o cuatro millones de empleados estatales. El resto son monotributistas. La población económicamente activa en Argentina es de 22 millones. Hace más de 10 años, solo seis millones son registrados privados.
Si todo sale bien —no doy ninguna garantía, pero hay que hacerlo—, la reforma laboral podría traer a los informales a la formalidad. Está armada para los que están afuera del sistema, no para los que están adentro. Pero eso solamente no va a generar el nivel de actividad ni la contratación.
Lo mismo para la reforma de la inseguridad: va a haber que poner 23 mil millones de pesos en institutos, tutores, asesores pedagógicos, toda una infraestructura que acompañe a estos pibes que, si no van a poder tener un trabajo, van a ir a la calle y van a delinquir. Hay que dejarlos no en manos de la familia, sino en instituciones. Pero eso es dinero. ¿Hay plata para esto?
El Congreso, cancha propia
Lo importante es que el 1° de marzo, Milei se va a parar en ese lugar que hace dos años era ajeno, ingrato —el nido de ratas, la casita de la casta—: el Congreso. Va a jugar de local y va a decir: miren las reformas. Les va a hablar a todos los que están dentro del Congreso, a sus votantes, a gran parte de la sociedad, y al mercado. Miren que estoy pasando las reformas. Ahora tengo músculo político. Lo hicimos. Parece impensado.
Porque además, el peronismo está estallado. Florencia Carignano desconecta los cables, desconecta los micrófonos: signo de impotencia. El micrófono desconectado más importante no es el de Carignano, es el de Cristina Fernández de Kirchner, que no se escuchó en toda la reforma laboral hasta acá. Seguramente tendrá algo que decir, pero eventualmente lo hará después.
En el mismo momento, hay tres senadores peronistas que están yéndose del bloque que comandaba Mayans: Jujuy, Catamarca y Tucumán. Tucumán, tradicionalmente peronista, manda un besito y abre su propio boliche, distinto del de Mayans, distinto del del peronismo. Y en ese boliche dicen: esta es mi carta, tenemos platos especiales para el Gobierno y Casa Rosada. De hecho, hay conversaciones de estos gobernadores peronistas con Casa Rosada porque lo necesitan. Es transaccional, no ideológico. El peronismo hoy es un movimiento. Un movimiento migratorio.
Marzo empieza desde lo político con la pelota dominada para el Gobierno. Si no hay un cisne negro.
El desafío está en otro lado: la inflación
Hay algo en donde el Gobierno tenía la pelota dominada y ya no. Tiene que ver con la inflación y con la pregunta sobre el nivel de actividad y el nivel de empleo.
Voy a la inflación. Los salarios están acá y los precios están acá. Hay una inercia inflacionaria. La economía argentina es como cuando vos te tenés que operar y vas a un médico. Vas a hacer una interconsulta. Y hay un momento en donde un tipo te dice: vos tenés que operarte. Y otro dice: de ninguna manera tenés que operarte. Ya es tan técnico que decís: ¿qué hago, tiro la moneda, hago una tercera consulta? Lo mismo pasa con los economistas. Un doctor dice: “Ojo, que la inflación no es solo un fenómeno monetario”. Mete una cuña en esa frase que era bíblica. No se discutía.
Entonces, la pregunta es: si hay equilibrio fiscal, si hay control de la emisión y una política monetaria, ¿qué pasa, por qué la inflación no termina de bajar? Y dicen otros: hay una inercia inflacionaria que no es tan fácil de parar. Y además, este mes aumentan la carne, los servicios, los precios regulados, los colegios, los útiles. Vamos a tener que esperar un poquito para que se termine de desinflar la inflación. Algunos optimistas dicen que en el segundo semestre, el año que viene, baja la inflación. Definitivamente, hay que tener paciencia. Es un proceso.
Y hay un precio que está funcionando como ancla: el salario. El salario es un precio de la economía fundamental. Hay sectores donde sube, porque están más dinámicos. Y muchos otros donde el salario está como un ancla clavado, sin productividad. Vas a pedir aumento y te dan uno, uno y medio por ciento. O no te dan nada. Y te dicen que tenés que esperar. O te dicen: mandame un mail, que te lo vamos a contestar formalmente.
En ese hueco que se produce —en esa distancia entre lo que ganás y lo que cuestan las cosas— se arma, como en el hueco de un árbol, un nido. ¿Y qué anida? El malestar. El malestar social. ¿Y sabés quién aprovecha ese nido de malestar? La oposición. La oposición que hoy no tiene texto, no tiene líder, no tiene guión, no tiene argumento. Empieza a crecer en la medida en que, para una parte de la población, los salarios están medio clavados y no acompañan la mejora del ingreso. Este es el punto número uno.
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El partido de fútbol del Mundial que conocemos hace muchísimos años: de un lado la inflación, del otro los salarios. ¿Quién va a ganar? Es una pregunta. No está escrito el resultado.
El caso FATE
La otra cuestión es el empleo. FATE es simbólico. Pero hay dos posiciones.
Una dice: industricidio. Están cerrando 22.000 empresas. Van a terminar con el tejido más sensible, que es el tejido industrial, el tejido social. Esto lo dice un sector y hay que escuchar lo que están diciendo. Se perdieron 200.000 o 250.000 empleos formales en los dos últimos años. Cierran las empresas. ¿Qué van a hacer con eso hasta que se transformen?
La otra parte de la biblioteca dice: esperate un poquito. FATE tenía el modelo de negocios destruido, roto, inviable desde hace 10 años. Se unió con Continental, con cubiertas internacionales, para tratar de reformar el modelo. No pudo. Rompió ese convenio. Trató de asociarse con otros. No pudo. Empezó a quedar viejo en su tecnología. Y finalmente empezó con el Ayudín: pedir protección arancelaria. Entonces tuvo competencia artificial —era competitivo artificialmente—. Más el SUTNA, que es dificilísimo como gremio. Más la definitiva apertura china. Y termina de resolverse una escena que venía muy mal, dice el Gobierno. No nos echen la culpa a nosotros. Ya venía muy mal.
Y el Gobierno contesta: el aluminio de Aluar tiene el 95% del mercado. Si entran los chinos, le van a ganar 10 o 15%. Igual son los primeros por paliza en el mercado del aluminio argentino. Que no lloren tanto.
Las tasas y la pregunta del millón
La tercera cuestión tiene que ver con el crecimiento. Las tasas. ¿Cómo pueden ser estas tasas? Son inviables si querés crecer, si la economía se tiene que reactivar. Cavallo lo dijo el otro día. El Gobierno todavía teme al efecto —ya no lo llama el efecto kuka, pero tiene ese miedo— de que el dólar suba y arrastre la inflación, que es su contrato electoral. Y usa las tasas para evitar eso.
Dicen los que quieren al Gobierno que las tasas van a ir bajando para permitir cierto nivel de actividad. Pero, ¿bajarán las tasas? ¿Habrá crédito? ¿Se recuperará el salario? Son preguntas que no terminan de estar contestadas.
Dicen también que vienen los dólares de la cosecha, que habrá una segunda mitad del año de reactivación, que la mina Vicuña va a tomar miles de trabajadores porque tiene que armar un campamento a 4.000 metros de altura —y hay toda una ley sobre glaciares, pero toman agua en realidad del mar, miren las minas de Chile—. Hay toda una discusión acerca de que si se pierden 250.000 empleos formales, también se crearon 450.000 posiciones o puestos de trabajo informal. Y dicen los que quieren al Gobierno que en realidad este fenómeno ya viene desde hace 10 años produciéndose, que pudo haberse acelerado, pero que hay una pérdida de empleo formal y un pase al informal. Van a tener que esperar, van a tener que ver cómo se transforma la matriz productiva.
Y acá viene el desafío. ¿Habrá tiempo, paciencia, resto y espalda para aguantar la reconversión de que esas empresas que no están siendo competitivas se transformen en algo?
Los que quieren al Gobierno dicen que ya no va a bastar con la resiliencia. El empresario argentino es resiliente. Pero no va a alcanzar con decirle “resiliente”, porque resiliente es el que sobrevive como el corcho que sale a flote en la tormenta. No va a alcanzar con salir a flote. Van a tener que ser, además de resilientes, creativos, flexibles, con una cabeza distinta y dinámica. Distinta y dinámica para adecuarse a los nuevos escenarios. Abrir, competir. Sí que les bajen impuestos, sí que les saquen regulaciones, pero van a tener que competir.
Hay muchas pymes que pueden acordar con el rumbo del Gobierno pero dicen: ¿pueden ir un poco más despacio y darnos tiempo para reconvertirnos? Y además —esto es importante—: dennos reglas claras. Estamos. Vamos a intentar competir. Pero si después viene otro gobierno, A transforma a B, otra vez quedamos desnudos. Eso es lo que no podemos.
El Gobierno piensa que esto se va a reconvertir y que hay que pensar más en el mediano plazo que en el corto plazo. Pero el corto plazo, si fuera una obra de teatro, es la que no corta muchas entradas. La gente se agolpa para el corto plazo porque está desesperada. ¿Habrá tolerancia para ver los frutos de esta reconversión que el Gobierno quiere impulsar? Vamos a saberlo en los próximos meses.
¿Es una venganza de Madanes Quintanilla haberle anunciado el cierre de FATE horas antes de la reforma laboral y del paro? Quienes lo defienden dicen que estaba planificado desde hacía más de un año. Y el Gobierno dice que esto estaba planificado para el 5 de marzo —ya no se iba a renovar la medida anti-dumping—, que se adelantó ahora, pero nada personal con Madanes Quintanilla. Madanes Quintanilla debe pensar que el Gobierno eliminó la medida antidumping para Aluar como un vuelto por lo de FATE. Ahí tenés una discusión.
